INSECTICIDAS NEUROTOXICOS



Para mantener sus funciones vitales y poder completar sus ciclos de crecimiento y desarrollo, los insectos cuentan con dos tipos de comunicación (organización) interna; una comunicación eléctrica (sistema nervioso) y una comunicación química (sistema hormonal). Cualquier alteración de un tejido diana (tejido vital nervioso, hormonal u otro) provoca indefectiblemente la muerte del insecto.

El sistema nervioso del insecto gobierna prácticamente todos los movimientos (contracción y relajación de músculos) que el insecto realiza por instinto de sobrevivencia ante la presencia de un estímulo (En el entendido que el insecto solo se mueve para alimentarse, para protegerse o para reproducirse). Esta información ha servido para que los científicos de la industria a nivel mundial puedan aislar moléculas que alteren – bioquímicamente - cualquier punto del sistema nervioso para que la comunicación entre el(los) cerebro(s) y el resto del cuerpo del insecto se vea interrumpida convirtiendo a cualquiera de estas sustancias en un plaguicida neurotóxico y definiendo a cada una de estas interacciones como un mecanismo de acción diferente.

Este grupo de plaguicidas son particularmente más peligrosos - desde el punto de vista toxicológico - debido a que el principal neurotransmisor (Acetilcolina) presente en la comunicación nerviosa de los insectos también ejerce el mismo papel en el sistema nervioso humano.

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